Locuciónes adverbiales

Vos, de aquí para allá como los pensamientos
como un sinónimo no comprometido
como un verbo intransitivo,
así, pues, 
te aproximas al orden donde nunca he tenido categoría alguna.


Una raíz tras otra 
nacidas dentro 
y
entre mi esperanza 
de andar creciendo
como los deseos
como las necesidades
que realmente no necesito
y pocas veces deseo.
Una raíz tras otra
me dicen 
¡todo está bien!
¡nosotras también nos quebrantamos!


Ahora me percibo blando
frágil
sensible
y tímido como las letras
que se esconden antes de
los signos de puntuación,
esas que se quedan antes de pasar a la siguiente narración;
pero cuando se trata de poesía
tú siempre te encuentras en un punto y aparte.


Lágrimas de pesares en tus mejillas

lágrimas de pesares en mis huellas 

lágrimas dilatadas en una fuga de deseos

lágrimas de una dupla,

nuestros nuevo capítulo.


En tu mente no cabe espacio para para una perspectiva que juzga, eres apacible y ameno ante la credulidad de este mundo opuesto; en tu mente sobran letras que son verbalmente derramadas para mi intelecto, tú no me juzgas tú eres humano y luego te sientes hombre. Eres, tú, también, el flujo de parábolas en medio de una charla que termina siendo otra narración colectiva, tú eres racional y alineas las sílabas de la palabra conocimiento para enseñar infinita mente cómo aprender el /abecedario/.


Salvo esas miradas que con furia sostenían la cordura,
salvo todos esos abrazos fugados en un Te amo,
salvo los nudos de tu garganta y la rebeldía de aquellos ojos-todo un mar abierto.


Tus multitudes de amor son como un verbo intransitivo, 
siempre egoísta, siempre solo.


Soñé contigo y volé
soñé contigo pero caí
me cortaste las alas
yo que volé en tu cielo...


Ayer fuiste el odio
hoy eres el odio
mañana serás el odio,
toda la vida serás también el amor.


Entonces lloré, lloré como puntos suspensivos en una frase de amor; lloré porque un poeta pone punto final, pero lloré, soy un poeta enamorado…


Noviembre me ingresa a su cuarto y me deja descansar,
Noviembre no me trata como un fenómeno;
Noviembre me estima y yo le estimo,
Noviembre no asiste al día de acción de gracias.

A Noviembre no le importa si soy de verano,
Noviembre ama mis calurosas manos sobre su fogata, 
Noviembre me deja ser. Noviembre y yo ardemos.

Cuando yo veo a mi papá veo una puerta que nunca se cierra, me entrego a una bienvenida al final del día, veo unos brazos abiertos y siento un corazón noble. Cuando yo veo a mi papá cruzo el perdón, y veo al otro lado del olvido un cofre lleno de íntimos recuerdos donde cada uno dice ¡la puerta siempre estará abierta!

Yo tenía un hogar y ahora tengo una casa.
Así era yo, un hogar lleno de cortinas y hermosos trozos de pan. Así éramos nosotros, nos quedábamos cuando la cena estaba lista y había calor. Ahora yo tengo una casa y conservo con ella los recuerdos cuando salgo al balcón y a la mesa, me gusta hablar con ella porque está llena de palabras, pero el silencio le trajo un nombre: “familia”.
Ahora tengo una casa; duermo con el perdón y todos los días me despido del odio, juntos en la noche hacemos la cena y aceptamos la soledad como un acompañante más en la mesa. Mi hogar de nuevo “surge”, por ahora tengo una casa.


Me he quedado en los pasos de la vida, me he quedado en las despedidas que nunca fueron, en los abrazos que nunca di y en las imágenes que aún no borro; puesto que viven en mi memoria.
Me he quedado entre las metas alcanzadas, en los procesos lentos y rápidos, en los consejos que sí escuché, esos que quise seguir y que seguí, en las manos entrelazadas, en las promesas sueltas;
sin valor
sin consecuencia
sin verdad,
pero sobre todo sin presente.
Creo que ahora más que nunca
he quedado en un lugar que
nunca quise habitar.
Ahora solo estoy yo,
pero sin duda me espera algo llamado Esperanza, ella me escucha es paciente, me abre la puerta sin importar qué hora del día es o qué traigo sobre las manos, simplemente me recuerda una y otra vez que el Sol siempre, siempre nace de nuevo todos los días…




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