Aprender a nadar

 Nunca había estado tan sola en el mar, me fui lejos de mi ubicación permanente 

estuve lejos del miedo...

también, estuve cerca donde las olas dan su último o tal vez primer golpe,

me abracé por las piernas y lloré,

quise que mis lágrimas saladas fueran una sola con el mar,

y así fue

el mar se llevó todas mis gotas

y luego de esto nadé con ellas

es como si hubiese podido moverlas hacia lo que está vivo, pero que por momentos fenece.

Al final de muchas olas condicionantes,

entendí que la vida está en cualquier parte del mundo

y que el amor contagia de amor a su alrededor.

Mi tristeza fue un cauce y una etiqueta para atravesar los miedos y aprender a nadar.

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